sábado, 19 de octubre de 2024

Paranoia en Creta. Gregory Corso

 ¡Malditas grietas Minoanas, que yo las obstruya!

¡Que me enyese contra todo, todo eso de ahí fuera!

sólo sentado aquí, con las rodillas alzadas, entre ánforas y áloe, 

leyendo cacharros obscenos comiendo un higo tras otro, (sin necesidad de nadie-

Mío es el verdadero laberinto, es mi alma, Teseo;

prueba tu rollo de cuerda en ése!

Los tronos de los que descienden los reyes son ascendidos por la ruina;

sobre ningún pecho singular apoyo yo mi cabeza de mitologías;

ningún asiento de lacayo, ninguna poltrona reinante, suficiente esta cueva de almohada

¡O Zeus! ¡Fui un rey tal que era capaz de movilizarlo todo!

Un rey aconsejado por los oráculos sus aúlicos valets imperio;

no hombres del rey, tampoco hijos, ese pederasta e Mileto;

Aquel bala perdida de Rhadamantis, sus nueves años de advocación de cueva

¡Y mi esposa! ¡esa casa de putas vaca de madera!

¡Taponad!¡Taponad!¡Taponad! ¡Rellenad bien las grietas!

¡Les gustaría arrojarme en el borboteante zarzal de una miserable ninfa!

¡Aprisonad mis pies en la boca del Dios del Rio!

¡Dejad perpleja mi cabeza con Nayades!

¡Echadme a Eros, ese secuestrador de la vanidad mortal!

¡O el boudoir verde fluido de Calipso me está haciendo pedazos!

¡Yeso! ¡Yeso! ¡Detened la marea del Egeo! ¡Borrad Atenas!

Observo el toro agazapado, los leones decapitados,

¡Una grieta más y helo ahí!

Prescindo de las Islas Echinadian-

traducción: antonio resines visor madrid 1978

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